Ocurre con el hombre lo que con el árbol. Cuando más aspira a las alturas y claridad, tanto más empeñosamente se adentran sus raíces en la tierra, hacia las profundidades y la oscuridad, hacia el mal.
Así hablo Zarathustra, Del Arbol de la Montaña
Rebuznos de un mediocre con menos onda que un sepulturero
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